Tengo unas manos inquietas que desde pequeña perseguían a las hormigas por las paredes, hacían remolinos con mi pelo o tamborileaban sobre la mesa de la cocina mientras merendaba.

Hace unos años, en una noche que se estaba haciendo eterna porque no paraba de dar vueltas en la cama, llegó por fin ese momento hechicero en el que te estás durmiendo pero aún eres consciente de la realidad, sentí entonces la sensación de ir bailando sobre hilos que llovían sobre mí, y las manos se me enredaban para crear una almohada inmensa donde descansar.

Al levantarme, ya tenía un destino tatuado sobre los dedos: quería tejer, contar historias con mis nudos, trasladar ancestrales conocimientos para que tú puedas sentir el influjo de las piedras y la sabiduría de la urdimbre.

Soy Núria, exploradora incansable, hambrienta de conocimiento, de sensaciones.

La Cámara de las Maravillas es un lugar de reposo, pero también de exaltación de la belleza, a veces imperfecta, como aquellos lugares del mismo nombre, que en el siglo XVI se nutrían de todo tipo de objetos para deleite de propios y extraños.

Las piezas que elaboro, aunque no quisiera, son irremediablemente únicas, porque eso es precisamente la artesanía, así como los minerales que utilizo, traídos de diferentes partes del mundo, ninguna es igual, por su origen, el corte o la veta.

El empaquetado, igualmente, lleva una dedicación consciente, porque quiero que te inunde de felicidad a ti, o a quien tú decidas regalar.

Gracias por pasar un ratito a mi lado y compartir el gusto por las joyas textiles, hechas a mano.